sábado, 16 de febrero de 2019

Bala perdida

Me tienes el alma manga por hombro,
anárquico igual que la habitación 
de un niño revoltoso.

El sol se me enmaraña
en el pelo, y trato de encajar
cada pieza que el sexo
ha escondido en tu casa
apodando domingo a las semanas.
Apresando pedacitos de oxígeno
que la ciudad olvida
en las asfixiantes tardes de agosto.

Inquieto. Nervioso. Desencajado.

Subido a la estela del hombre que fui
antes de que tu saliva 
me calara hasta los huesos.

Me tienes como pollo sin cabeza,
jugando a la rayuela con los adoquines,
saltándome el cansancio y las ojeras;
tratando de controlar mis impulsos
para no llamarte cada dos minutos
y escuchar tu voz de tizón candente.

Has sacudido las últimas 
virutas de tristeza 
que se habían quedado
agazapadas entre las arrugas 
de la melancolía.

Galvánico. Saltarín. Bifurcado.

Tatuándome este instante en el brazo
que me ayuda a poetizarte como 
premio a su lealtad
durante tantos años.
Construyendo un arpa con mis tendones
para cantarte a voz en grito.

El amor me chorrea por la espalda.
Por tu culpa mi cuerpo
deambula electrizado
esperando con ansiedad las manos
que lo acaricien vorazmente.

Estoy enamorado hasta las trancas.

Eufórico. Flotante. Descentrado.

jueves, 17 de enero de 2019

Narciso en el siglo XXI


Intuye sus ojos llenos de lluvia
en el fondo marino.
Escuálidas pirañas
maleables y azules.
Cuando intenta ondular
la porosidad carnosa reflejada 
en la superficie, un fantasma 
glaciar electrocuta su espinazo.
¿Hay alguien ahí? (…ahí, …ahí).
Si al menos… pudiera… (…era, …era)…
—al bellísimo Narciso le asfixia el mito—
remolcar hasta la orilla
los cascotes flotantes (…antes,antes).

Toda conciencia nació
para vallar silencios.

Eco ríe a carcajadas en su cueva
y el móvil es un verdugo que vibra.
A las tres de la tarde. 
Eran las tres en punto de la tarde.
Pero regresará, 
como regresa cuando la necrosis 
mordisquea los huesos.
Se levanta y enjuga
su apatía con la punta mojada 
de la corbata. Debe 
volver a la oficina.



lunes, 31 de diciembre de 2018

Feliz año nuevo

Han pasado trescientos sesenta y cinco días
como apisonadoras, 
como cuentas de un rosario que empiezan
a oler ya a cerrado.
Nos han adelantado las mismas estaciones
(a nosotros, herederos de Heráclito).
Hay esquirlas de sol y lluvia en nuestros ojos.
¿Recordáis vuestras metas?
Esperan en una caja del sótano,
probad a llevarlas a la buhardilla.

Para algunos habrá sido un buen año,
para otros no tanto.
Y a riesgo de que el poema resulte
un cuadro coelhiano,
reconoced que la felicidad
—el hipo previo al susto—
os ha rozado al menos un instante.
También habréis llorado de frustración, de rabia.

Pero a pesar de todo
estoy vivo y escribo,
estáis vivos y perseguís palabras
(o sueños o utopías) que corren como ardillas.
Nos esperan trescientos sesenta y cinco días
tocados con el hormigueo dulce
de lo recién nacido.
Para encontrar asíntotas tangentes
y ventanas abiertas. Y estaciones
pasajeras y piedras afiladas.

Estamos aquí y estamos ahora.
Celebrémoslo.
                                    Feliz año nuevo.

domingo, 25 de noviembre de 2018

El uróboros

Cierta noche en que estaba muy borracho,
en uno de esos bares donde apenas
te tomas cuatro copas y las penas
transmutan por alquimia en desempacho,

se me acercó un tío y dijo: Muchacho,
vente, te ofrezco amor a manos llenas.
Y yo, tan fan de promesas ajenas,
sucumbí a sus ojos color pistacho.

Total, que piqué el anzuelo en su cama.
La luz me trajo a casa. Las certezas
pillaron a la resaca en pijama

cansada de coleccionar rarezas.
Y como no quería hilar un drama                                                
salí a beber para olvidar tristezas.

domingo, 21 de octubre de 2018

Díptico de lo cotidiano I

Un enjambre de hormigas desquiciadas deambula 
temprano por el metro
como barquitos de papel sin rumbo
a punto de ser devorados
por incendios invisibles.
Y se chocan                           y gruñen
                       y se esquivan 
y se adelantan 
                       y tosen
                                              y se despiensan 
                       y se entrecruzan
                       (se crezurentan,
                        se zurrantecen).

El mismo cantautor,
la misma sonrisa de ojera a ojera
intentando rozar sonámbulas sorderas.

                                            ♬ Mama put my guns in the ground,
                                               I can't shoot them anymore.
                                               That cold black cloud is comin' down.
                                               feels like I'm knockin' on heaven's door. 

El vagón, holocaustamente silencioso,
traslada a una suerte de presos
al bulevar de la rutina enlatada,
al solar de los sueños olvidados.

Buenos días, perdonen las molestias.
Soy un hombre empujado
a buscarme la vida mendigando.
Llevo en paro hace ya más de tres años
y no cobro ninguna prestación.
No soy drogadicto; no fumo ni bebo.
Vivo en una habitación alquilada
y, si no pago a final de mes,
me veré en la obligación de dormir
en la calle. Me da mucha vergüenza,
pero no tengo otro remedio
que apelar a la generosidad
de personas como ustedes. Ofrezco
pañuelos y llaveros a cincuenta 
céntimos o la voluntad. Acepto
también comida o ropa. Muchas gracias
de corazón y que pasen un buen día.
Pañuelos y llaveros por cincuenta 
                                               céntimos o la voluntad, señores;
pañuelos y llaveros por cincuenta 
                                               céntimos o la voluntad, señores;
pañuelos y llaveros por cincuenta 
                                              céntimos o la voluntad, señores;
pañuelos y llaveros por cincuenta 
                                               céntimos o la voluntad, señores.
Muchas gracias, que tengan un buen día”.

Nadie despega la cara
de las pantallas rotas de los móviles, 
del libro electrónico, 
de musarañas imaginarias,
del suelo,
de la nada.
                                               Próxima estación: Tribunal,
                                               correspondencia con línea 1.
                                               Próxima estación: Plaza de España,
                                               correspondencia con líneas 2 y 3.
                                               Próxima estación: Príncipe Pío,
                                               correspondencia con línea 6,
                                               Ramal Ópera-Príncipe Pío y Cercanías RENFE.  

Se levantan los androides legañosos
de piel sintética y arrastran
sus resortes hacia otras vías.
Apoyan sus frentes en la ventana,
pero el gélido hastío mañanero
impide vislumbrar
el color oxidado de las hojas
con que el otoño ha manchado los árboles.

Yo los observo cariñosamente
porque solo percibo
la soledad de un desierto de Atacama,
la angustia de sentirse ser humano.
Y comienzan a inundarme
unas ganas locas de parar el tren,
de ponerme a bailar como un demente;
de abrazarlos y arrancar
las pelusas de tristeza que el tiempo
va excavando en sus labios.
De gritarles que los ojos no son cristales rotos,
que distiendan las mandíbulas
y ablanden los puños.

Que yo confío en ellos
y que la vida nos aguarda ahí fuera,
ávida, 
            neonata,
                            fresca,
                                            viva.




sábado, 13 de octubre de 2018

El insomnio es un péndulo

Si yo quiero olvidarte, pero te reconozco
                                    en todas las espaldas,

                                               (El insomnio es un péndulo).
                                   
en los pensamientos de los que esperan
a que el semáforo se ponga rojo.
En gestos cotidianos como buscar las llaves,
                                    como comprar el pan
                                    o dar los buenos días.

                                               (Ya ha pasado el camión de la basura).

Te intuyo en los reflejos de los escaparates,
en las ramas de otoño,
latentes y terrosas como brazos dorados.
Y me inunda, me inunda tu saliva,
y tu aliento me envuelve
tras las bocas sin contorno del metro.
            
                                               (Suena un teléfono. Nadie responde).

En la cara de todas las monedas;
en los cortes de pelo en degradado.
Te sientas a mi lado 
cuando escribo y ablandas mis zapatos
cansados a la vuelta
de cada esquina; eres la dureza
que se aferra a mis pies
para evitar que les salgan ampollas.
                                               
                                               (Huele a ropa tendida,
                                               a café y a tabaco;
                                               debe de ser la vecina del quinto).

Pero quiero olvidarte,
encontrarme de nuevo
y rescatarme bajo la metralla.
Preguntar si me duele 
algún hueso y negar con la cabeza
a pesar de las lágrimas.
Abrazarme con mimo y más sereno
convencerme otra vez 
de que intento olvidarte
aunque te reconozca 
                                   en todas las espaldas.

                                               (Se desangra una ambulancia a lo lejos.
                                               Solloza un bebé. Son casi las cinco).

sábado, 1 de septiembre de 2018

Pese a todo

Hay algo noble en la gota de sangre 
que se estrella contra el suelo 
cansada de su solitaria herrumbre.

Hay una belleza mórbida
                 en el vértigo y la pérdida,
                 en la caída al vacío,
                 en recitar
                                  Ven, el amor late bajo las ruinas
                                  y sobre el terremoto              
                                  aunque tú no lo escuches                    
                                                               
                 aunque tú no lo escuches.

Escribir es anticiparse al grito,
abrir los puños, esperar el golpe.
                 Y seguir acariciando
                 el filo
                                 ensangrentado
                de los cristales rotos
                                                  pese a todo.

La frente

Mientras duermes, una frente apoyada en el cristal del salón rumia barro. Han tiznado las estrellas con sarro, apenas yerra carne desalmada....